Danza de los negros de las Altas Montañas
Danza de los negros de las Altas Montañas
Entre los cultivos de la sierra, un muchacho cayó mordido por una serpiente. Su madre gritaba pidiendo ayuda a otros trabajadores. Lloraba desesperadamente, mientras su cuerpo empezaba a moverse y a girar alrededor del cuerpo de su hijo. Sus pies golpeaban el suelo y sus puños apretados se levantaban suplicando ayuda. La tarde fue cayendo, pero la madre continuaba su ritual, mientras el niño poco a poco se recuperaba. Los hombres miraban sorprendidos ese gesto que, en un cerco ritual, conjuraba a la muerte.
La Danza de los negros, que se realiza en las zonas serranas de Veracruz, Hidalgo y Puebla, es una de las expresiones que mejor expone la convergencia de memorias afrodescendientes, indígenas y coloniales. Su surgimiento está ligado a la llegada de los españoles, en regiones donde pueblos originarios y población africana confluyeron en las actividades agrícolas.
El relato cuenta que entre los esclavos africanos se encontraba un niño que fue capturado y traído al continente junto a su madre. Un día, al estar trabajando, el niño fue mordido por una víbora. La madre se dio cuenta de lo sucedido y de inmediato corrió en su auxilio. Al ver a su hijo tirado y agonizante comenzó a danzar, bailar y gritar alrededor del joven. Los indios totonacos que observaron ese ritual quedaron asombrados con lo que la madre hacía, y en su intención de ayudar comenzaron a imitarla. Así nació la Danza de los negros.
Es una de las expresiones rituales más complejas del paisaje cultural serrano, caracterizada por los fuertes golpes de percusión, las máscaras barbadas, los machetes, los disfraces con capa, figuras religiosas, los paliacates, los espejos, los cascabeles y los sombreros con flores. Cada uno de estos elementos configura un universo simbólico en el que confluyen las tres raíces que constituyen la identidad veracruzana.
Entre los personajes de la danza aparece el rey, que representa la autoridad y que puede leerse como el poder colonial, que durante la danza es ridiculizado a sus espaldas. El capitán encarna el brazo armado del orden, pero también la obediencia forzada y su desgaste frente al ingenio colectivo del pueblo.
La cuadrilla de negros o negritos representa al colectivo, a la población afrodescendiente, al pueblo trabajador. Ellos bailan, zapatean y hablan con burla, mofándose del rey y del capitán. También aparece la Catarina como figura mediadora y de ruptura.
En algunas variantes aparece el viejo, que recuerda que la sabiduría no está en la fuerza, sino en la experiencia. En otras, el diablo introduce el caos, persigue, asusta y hace reír. A veces también aparece el jaguar, recordando el vínculo con la naturaleza y el respeto que se le debe. Los músicos son el pulso vital de la danza: acompañan y marcan el ritmo y los tiempos.
Podemos entender la danza como una escenificación crítica de la historia racial, colonial y mestiza, en la que cada personaje es una representación social. Con el tiempo se ha ido modificando, pero lejos de borrar el mito inicial, estos personajes y sus símbolos lo ampliaron, exhibiendo el poder y parodiándolo en escena, a la vez que enaltecen el saber ancestral y comunitario.
Conocer el mito fundacional de nuestras expresiones festivas permite una lectura ampliada que exhibe el entrecruce de culturas, cuerpos e identidades, y abre la posibilidad de orientar su práctica hacia una ética del respeto, de memoria social y mediación cultural con sentido crítico.
Referencias:
Aguirre Beltrán, G. (2001). Bailes de negros. Desacatos, 7, 1–15.
Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas. (s. f.). Danza de los negritos del pueblo Tú Tunaku (totonaco). Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas.
Moreno, M. del R. (2017). La danza de los negritos. Arqueología Mexicana.
Magaña, G. (2020, 14 de agosto). Danza de los negritos: una interpretación totonaca con orígenes en la época de la conquista. SinEmbargo.
Stresser-Péan, G. (2011). El sol-dios y Cristo: La cristianización de los indios de México vista desde la Sierra de Puebla. Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos.