Los guardianes del agua I
Los guardianes del agua I
El agua ocupa un lugar estructural dentro de la cosmovisión de los pueblos que históricamente han habitado el estado de Veracruz. Más allá de su función natural, ríos, lagunas, manantiales, cascadas y cuevas han sido comprendidos como espacios habitados por entidades no humanas.
Estos seres, conocidos con distintos nombres según la región y la lengua, cumplen la función de resguardar los cuerpos de agua y los espacios asociados a ellos, regulando su uso y estableciendo límites en la relación del ser humano con el entorno natural.
Esta idea se repite de manera consistente en distintas regiones del estado, desde La Sierra de Santa Marta hasta las Altas Montañas y la Huasteca veracruzana, y ha sido ampliamente documentada por investigaciones antropológicas, etnográficas y culturales.
En el imaginario de las comunidades de Veracruz, los chaneques aparecen descritos como guardianes del monte y del agua. Sus características varían localmente, pero se les asocia de forma recurrente con ríos, arroyos, cuevas, cascadas, manantiales y zonas de selva densa. En los registros de tradición oral se les atribuye la capacidad de provocar extravíos, enfermedades repentinas, desorientación o confusión a quienes, sin respeto, vulneran a la naturaleza.
Ligado a estas figuras aparece el concepto del encanto, que no se limita a la idea de un ser, sino que designa una condición del espacio. Alude a lugares específicos que funcionan como puntos de tránsito entre distintos planos del mundo. El encanto se manifiesta con la alteración del tiempo y la desorientación de quien visita el espacio.
En la región de Los Tuxtlas, algunos estudios registran la noción de un mundo subacuático bajo lagunas, ríos profundos y cuerpos de agua mayores, llamado Talokan. En algunos estudios aparecen también los nombres de Cantaxotalpan o Ta’altampa. Se describe como el santuario donde habitan los seres encargados de mantener el equilibrio del entorno natural. Se comunica con la tierra a través de las raíces de la ceiba, árbol sagrado para algunas culturas mesoamericanas. Lagunas como Catemaco o Zontecomapan son entendidas como puntos de contacto con ese paraíso acuático.
La diversidad de interpretaciones alrededor de estas creencias configuran un mito que se enriquece a lo largo del estado, recordándonos la necesidad de establecer una relación compartida con el entorno, basada en el respeto y la reciprocidad.
En el contexto actual, marcado por la escasez hídrica, los conflictos por el acceso al agua y la degradación ambiental, estos relatos son trascendentales, puesto que, leídos desde una perspectiva contemporánea, las figuras mitológicas que cuidan y protegen los espacios hídricos nos recuerdan que el agua no es sólo un recurso que sostiene la vida humana, sino un elemento relacional y cultural que exige cuidado, límites y responsabilidad colectiva.
Fuentes:
Arano Leal, E. del C. (2012). Formas comunicativas en rituales de curación en Calería, Veracruz. Universidad Veracruzana.
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Lorente Fernández, D. (2024). Mundos otros, ciudades sumergidas: Hacia una propuesta de caracterización ontológica de los mundos indígenas de alteridad en Mesoamérica. Estudios de Cultura Náhuatl, 67, 163–198.
Ramírez, E. (2015). Chaneques. Arqueología Mexicana, enero-febrero, 16–17.
Villagómez Reséndiz, R. (2017). Los guardianes del agua: Cosmopolítica y conservación del agua en los Altos de Morelos, México. Letras Verdes. Revista Latinoamericana de Estudios Socioambientales, 22, 27–45.